DEBORA ARANGO: ACUARELA, OLEO Y FRESCO

En una lujosa edición que reúne más de 100 acuarelas y 150 pinturas, con prólogo de María del Rosario Escobar y Alberto Sierra y textos de Santiago Rueda y Juan Mejía, el Banco Davivienda rinde un homenaje a la pintora antioqueña Débora Arango.
Con impresión de lujo, más de 8 mil ejemplares y cerca de 300 páginas, en esta obra editada por Ediciones Gamma se describen aspectos de la vida, obra y realizaciones de esta pintora catalogada como franca y controvertida, y que rompió esquemas como artista y como mujer a principios del siglo XIX, en una época extremadamente conservadora.
Los textos fueron escritos por Santiago Rueda y Juan Mejía. La curaduría fue realizada en conjunto con Juan Pablo Fajardo de La Silueta Ediciones y Carolina Zuluaga de Ediciones Gamma con la colaboración de Cecilia Londoño, sobrina de la artista, Alberto Sierra y el Museo de Arte Moderno de Medellín.

DEBORA ARANGO: ACUARELA, OLEO Y FRESCO

A nuestros ojos Débora Arango se inscribe históricamente como la mujer artista mas relevante del siglo XX, un lugar que nunca busco y que seguramente le habría incomodado. Su condición política, de genero y lo que podríamos llamar su anti-pintura la afirman con justicia en este lugar, algo justo pues su actitud y su valor simbólico son muy necesarios para un país donde las mujeres son la principal minoría, a pesar de ser mayoría. Sobre ella y su obra se han escrito numerosos textos y puede pensarse que una lectura primaria y completa de su obra ya se ha realizado. Queda sin embargo, un amplio espectro de análisis de su trabajo y de su contexto que revelaría tanto sobre la artista misma como sobre su entorno social.

Principalmente Arango fue pintora, dibujante y acuarelista, y es precisamente la relación entre estos tres medios la que nos interesa examinar en este breve ensayo.

Débora Arango es triple heredera de las enseñanzas de sus maestros Pedro Nel Gómez y Eladio Vélez, del expresionismo alemán de los anos 20 y del muralismo mexicano. Cada una de estas influencias operan en ella de forma diferenciada y dan cuenta de una artista moldeada en un entorno muy local –el valle de Aburra y sus pintores- se siente participe de corrientes de reivindicación histórica continentales –el muralismo mexicano- y parte de un amplio movimiento humanista intelectual y artístico –el pensamiento europeo de izquierda aplastado por el nazismo-.

Débora Arango es una artista que representa la modernidad y el espíritu del Siglo XX, con todos sus ideales de justicia y libertad.

Débora Arango se formo en la tradición académica que considera que el primer paso para realizar una obra de arte era concebir el tema y la composición mediante el dibujo, para ir refinando las ideas y las formas posteriormente en el lienzo, el papel o el muro donde se realizaría la obra final, la pintura. La línea tiene una importancia definitiva en su pintura, y es mas que evidente que Arango demarca fuertemente los contornos de las figuras y objetos que pinta con gruesas líneas negras, dejando que el dibujo inicial permanezca siempre en sus obras. En sus dibujos Arango se caracteriza por su línea quebrada, su intencional torpeza y su énfasis en la simplicidad que se logra a través de su renuncia al sombreado, su desinterés en la descripción espacial y su énfasis exclusivo en la figura humana deformada, que la relaciona en sus intenciones quizá mas con los brillantes caricaturistas activos en el país desde inicios del Siglo XX como Rendón, Chapete y Samper, que con otros pintores y dibujantes contemporáneos suyos y afines en su ethos pero verdaderos cultores del dibujo como Sergio Trujillo Magnenat, Carolina Cárdenas, Ramón Barba, Josefina Albarracín y Hena Rodríguez, por citar solo algunos.

Arango sin duda compartía ese animo vivamente critico de los caricaturistas, y es bastante probable que los trabajos de estos llamaran su atención. Bien cabria hacer una comparación y un análisis de las obras de Arango frente a la de estos dibujantes políticos quienes sin duda testificaron con talento y precisión su tiempo.

Como pintora y utilizando el óleo Arango opta por un similar interés en la simpleza que la lleva a usar una paleta muy básica, mezclando los colores en la tela, en ocasiones en detrimento de la pintura misma, lo que quizá favorece el feísmo de su pintura y sus temas, la acida critica social. De nuevo, como en sus dibujos la pintora no tiene mayor interés en la profundidad espacial ni en la descripción del espacio donde se sitúan sus figuras pero a diferencia de los dibujos, donde el papel queda en blanco, en sus telas prefiere crear el lugar a partir de fondos de color uniformes aunque batidos por las huellas de sus pinceladas. En el tratamiento de los volúmenes, especialmente en los cuerpos Arango realiza un moldeado muy básico, a partir de pinceladas densas y cargadas de pigmento. A diferencia de lo que sucede en los ya mencionados dibujos, Arango caracteriza psicológicamente los personajes que crea, dando forma a esa galería de patologías sociales que denuncia. Quizá uno de los mejores ejemplos de este tratamiento formal unido a una temática dura sea el parto callejero retratado en el ole Madona del silencio (s.f.) donde una mujer de a luz en una esquina lóbrega. Allí, los ocres y marrones del fondo se continúan en los volúmenes del cuerpo de la mujer y se entremezclan con el color naranja en el cuerpo del recién nacido. La ya mencionada línea dura y gruesa de Arango es enfatizada repetidamente, como si la artista necesitara que fuera lo principal en la composición.

El conjunto de sus feroces telas hace evidente las enseñanzas de la segunda fase del expresionismo alemán, aquel que surge después de la Primera guerra mundial y que responde áspera y honestamente al desespero, el hambre y la miseria ocasionados por el gran negocio de la guerra. En el trabajo de Arango puede verse entonces la influencia de George Grosz y Otto Dix, influencia quizá mayor que la que tienen en su obra los muralistas mexicanos, ya que Arango no le interesa ni la épica, ni la narración histórica, ni los mitos precolombinos o nacionalistas, ni la situación transhistórica latinoamericana, lo que es evidente en obras como Justicia (s.f.) donde tres policías lascivos rodean a una prostituta o Los que entran y los que salen (s.f.) que retrata una sórdida imagen en un burdel. Arango opera como un fotógrafo de calle, como un voyeur, como alguien que tiene acceso y visita los lugares que la cultura de elite ignora. En palabras de Baudelaire en El pintor de la vida moderna “Estar siempre fuera de casa, sintiéndose en casa en todas partes; ver el mundo, estar en el centro del mundo y permanecer oculto del mundo.”

La influencia de los muralistas en Arango es principalmente ética e ideológica. El fuerte impacto de la revolución mexicana y el papel jugado posteriormente por los muralistas mexicanos, grandes narradores de una nueva historia intelectual y espiritual de nuestra America y que los llevo incluso a ser ampliamente reconocidos en los Estados Unidos, es definitiva en la definición de Arango como artista y su entendimiento del lugar que el artista podría tener en su sociedad. Y también de sus ambiciones técnicas, pues Arango como es sabido estudia la pintura al fresco en México, técnica que poco pudo ensayar, por que Arango fue mas que una posible muralista frustrada, una muralista censurada. Pintura de la que quedan solo escasas muestras, como el mural Recolectores de fique (1948) ubicado en el vestíbulo de las oficinas de los almacenes Éxito en Envigado o el mural con el mismo tema que se encuentra en Casablanca, la casa de la artista. En el garaje de la misma casa se encuentra también otro mural donde una mujer con un recién nacido ocupa el centro de la composición. A su lado derecho otra mujer trabaja mientras un cerdo corre hacia ella. A su lado izquierdo un joven se acerca tímidamente. Esta imagen placida contrasta sin duda con la dureza de los oleos de la artista, pero bien corresponde al animo de tranquilidad que Arango procurar para si en Casablanca.

Pero es sin duda es la acuarela la medula artística de Arango. La ligereza y ductilidad del medio le favorecen. La lenta definición de los fondos de sus oleos se contrasta con la acelerada fluidez que logra en el papel donde el pigmento literalmente inunda amplias zonas definiéndolas. El procedimiento aprendido de su maestro Pedro Nel Gómez, de mezclar los colores en el papel humedecido es aplicado con habilidad por parte de Arango, tanto en sus acuarelas mas ambiciosas, como Bailarina en descanso (1939) o Contrastes (1940), como en trabajos mas rápidos y menos ambiciosos como Amargada (1944) o La danza (s.f.).

Alberto Sierra ha hecho una justa comparación entre el trabajo de Arango y el de su maestro Pedro Nel Gómez, donde evidencia la profundísima influencia del Gómez en su alumna, un artista que según Álvaro Medina “sabia combinar ascetismo y feísmo, espontaneidad y rigor.” Esta Influencia es definitiva y de larga duración ya que Arango no se separara de lo aprendido de su maestro durante toda su carrera y no solo en el tratamiento de color, en la elección de la acuarela como un medio de expresión autónomo sino también y como es evidente en la elección de sus temas cotidianos y políticos, en la deformación expresionista de los cuerpos y en el amontonamiento de ellos mismos en la composición, algo que Gómez aprendió de los frescos de Masaccio y del maestro de este pintor en su estadía en Italia Felice Carena, un pintor que según Beatriz González “intento unir la tradición renacentista con el expresionismo.” Es menos clara la influencia que tiene en Arango el trabajo del segundo de sus maestros, Eladio Vélez, pero es patente la afinidad de las metas y propósitos del grupo de acuarelistas antioquenos de los 30 y 40 a los que pertenece Arango y entre los que deben mencionarse a Carlos Correa y Rafael Sáenz. No debe sorprendernos entonces la afinidad irreverente que se encuentra en la polémica Anunciación (1941) de Carlos Correa – también alumno de Pedro Nel Gómez- donde aparece la virgen María desnuda, y obras como La Republica (s.f.) o Levitación (s.f.) de Arango donde se hace una mordaz critica a los gobernantes y a la iglesia catolica respectivamente. Finalmente, lo que diferencia a Arango de los acuarelistas de Medellín es su gusto por la exageración y la caricaturización, que puede observarse en las dos obras recien mencionadas y que como ya se ha mencionado la identifica inmediatamente con el expresionismo alemán, pero que en una pintora de Medellín tiene un valor único ya que Arango sin duda fue mas lejos que sus colegas desafiando el buen gusto, a la buena pintura, dejando atrás la épica nacionalista y la historia de los historiadores, reflejando imperfecciones y bajezas de lo humano de una manera en que lo grotesco y lo divertido son uno solo y lo hizo con un atrevimiento que no es igual de constante en sus contemporáneos, quienes también y valga la pena decirlo, sufrieron la persecución y la censura que tanto afectaron a Arango. En su arrojo, en su independencia, en su sagacidad y su humor, es evidente que Arango entendió que, siguiendo a Baudelaire “el arte no debe gustar en el sentido tradicional: debe criticar, sorprender, conmocionar, incordiar, iluminar, sacudir, incomodar. En suma: disgustar.”

Santiago Rueda.  

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Acerca de santiagorueda

curador independiente, investigador en arte contemporaneo

Un Comentario

  1. María

    Débora Arango una mujer que pinto la realidad de Colombia e incomodo a las elites económicas, religiosas y políticas de nuestro país no guardo silencio ante las atrocidades que se cometían y se siguen cometiendo.
    Como fue atrevida en sus pinturas su reconocmiento es después de muerta. ¿Donde se puede conseguir el libro DEBORA ARANGO: ACUARELA, OLEO Y FRESCO?

    María Antonia

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