SANTIAGO CÁRDENAS

 


Menos de un año después que el Museo de Arte Moderno de Bogotá realizara la segunda gran retrospectiva de su obra, Villegas Editores publica Santiago Cárdenas, dedicado a uno de los artistas colombianos vivos más relevantes. Con textos del crítico de arte británico Edward Lucie-Smith, el libro reproduce con gran calidad las pinturas que Cárdenas ha realizado desde 1967 hasta el 2005.

 

En términos generales, esta edición de lujo cumple con su propósito de enseñar lo más relevante del trabajo del artista. El libro es un complemento a las Verdades sobre arte, mentiras sobre papel, Encuentros con Santiago Cárdenas y su obra (1984) y al catálogo de la exposición retrospectiva que le realizara la Biblioteca Luis Ángel Arango en 1995, reproduciendo las obras que se encuentran en estas dos publicaciones y añadiendo imágenes de los trabajos realizados por el artista en los últimos 11 años.

 

El ensayo introductorio de Lucie-Smith -quien cuenta con varias de sus obras traducidas al castellano-, evalúa de manera efectiva el trabajo del artista, llegando a una conclusión muy acertada sobre el significado de su quehacer: En el campo del arte contemporáneo la pintura ha perdido interés, pero de la manera que la ha ejercido y depurado Santiago Cárdenas, ésta aún “ofrece sensaciones que no se pueden reproducir en ningún otro medio de expresión” y sus cuadros “se pueden ver como heroicos experimentos para descubrir qué es lo que al fin sigue siendo válido: que se puede hacer y que no.”

 

Sin embargo y por desconocimiento de lo que sucede en nuestro país, Lucie-Smith se queda corto en su interpretación de la relación de la obra de Cárdenas con su entorno inmediato, emparentándole con artistas tan distantes entre sí o del propio Cárdenas como Zurbarán ó Armando Reverón, pasando por alto la vitalidad de la escena artística local de las últimas décadas y haciendo unas comparaciones curiosas. Refiriéndose a la academia en los años 60 afirma: “La Universidad Nacional, en Bogotá, por ejemplo, ofrecía un prolongado curso de entrenamiento que bien podría rivalizar con las principales escuelas de la Unión Soviética en cuanto a rigor académico.”

 

Hay aspectos que exceden los intereses de la publicación de Villegas editores, que no hacen parte del libro y que merecen ser mencionados, como la labor que Cárdenas ejerció como profesor y jurado de certámenes artísticos. Tanto sus colegas como sus alumnos, reconocen la importante función que realizó desde inicios de los años 70, instaurando en sus clases una nueva forma de percibir basada en el estudio objetivo de la realidad, lo que terminará influyendo poderosamente en los artistas surgidos en aquella década. También es reconocida –y agradecida- su insistencia en aplicar el mismo rigor objetivo en los certámenes artísticos en los que participara como jurado, imponiendo un criterio de racionalidad en un medio proclive a guiarse por las pasiones personales. Como pintor, profesor y jurado, Santiago Cárdenas ha ejercido la objetividad y la sobriedad, y son esas virtudes, convertidas en actitudes y traducidas en formas, las que le hacen seguir siendo considerado uno de las personalidades más reconocidas en las artes de nuestro país.

 

Para conocer mejor su vida y obra recomiendo el poco conocido Verdades sobre arte, mentiras sobre papel que escribieran y editaran Camilo Lleras y Jaime Ardila en 1984 y que sigue siendo el estudio más completo sobre el pintor. Con más de 200 reproducciones de su trabajo –incluyendo los dibujos y grabados que quedan por fuera en el libro de Villegas editores- el libro incluye una larga y en ocasiones desafiante entrevista con el pintor y una muy interesante secuencia fotográfica donde Ardila registra a Cárdenas en su estudio pintando su Tríptico (1977) de principio a fin.

 

Tomando como punto de partida Verdades sobre arte, mentiras sobre papel puede afirmarse que el aporte principal del libro de Lucie-Smith es darnos a conocer la pintura de Cárdenas de las últimas tres décadas, de la que se destacan el inteligente contra punto que hace el pintor al neo expresionismo y la transvanguardia a mediados de los 80 –El puente (1987)- , la obsesividad mimética de sus bodegones de la década posterior -Escultura en el taller (1996)- y la sorprendente sencillez de sus más recientes Sombras (2005). En conjunto, un libro para mirar y disfrutar la pintura, y apreciar esas sensaciones que no se pueden reproducir en ningún otro medio de expresión.


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Acerca de santiagorueda

curador independiente, investigador en arte contemporaneo

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