BRASIL ARTE ACTUAL

KAREN AUNE : “Neodynamics: Stem Cells”   –   ADRIANA TABALIPA : “The End Factory Project”

Galería Valenzuela y Klenner 2006

La exposición Brasil Arte Actual presenta el trabajo de Karen Aune y Adriana Tabalipa, dos artistas con una predilección particular por el color, las formas orgánicas y las referencias al cuerpo. La serie Neodynamics: Stem Cells de Karen Aune trata sobre las condiciones y tecnologías que generan y mantienen la vida en la sociedad actual. En sus telas los cuerpos y los órganos se encuentran conectados y  comprimidos en una  simultaneidad de tiempo y lugar que  simula la supremacía de  la inmediatez en la ciber cultura. The end factory project, de Adriana Tabalipa resalta las  tareas, hábitos y rutinas de la vida diaria. Sus dibujos escapan los límites del papel para invadir los espacios en los que la artista interviene, invitando al espectador a participar físicamente dentro y en la obra.

Neodynamics: Stem Cells
La obra de karen Aune gira alrededor de una preocupación esencial: Las condiciones y tecnologías que generan y mantienen la vida. Para hacer sus observaciones sobre el hecho vital, biológico y “natural”, la artista se vale de una serie de recursos visuales que parecen extraídos de fuentes diversas como las tecnologías médicas –eco, radio y foto grafías-, los films y novelas de ciencia y cyber-ficción y los softwares de creación plástica electrónica.

Podría pensarse que la artista presenta a la tecnología en una simbiosis deshumanizada con el cuerpo, a tono con el pesimismo futurista de la ciencia ficción postmoderna –THX 1138, Blade Runner, existenZ, Matrix- y con discursos que “denuncian” a la tecnología como un medio de deshumanización. Sin embargo, y no exentas de cierto dramatismo, sus imágenes celebran la aparición de la nueva carne.
Los pedazos de cuerpo, órganos, tendones, músculos, tejidos capilares, las epidermis, venas y arterias que aparecen en sus pinturas, son dinamizados, estirados y distorsionados por efectos cinéticos. Con agudeza, la artista ha percibido que el lapso vital, la existencia física viviente en la era de la ciber-cultura, se encuentra en un proceso de aceleración constante, donde los espacios físicos se encuentran conectados y comprimidos en un tiempo real, que permite la simultaneidad absoluta de cualquier evento en cualquier lugar.
En su proceder creativo, donde tiempos y vanguardias históricas se funden junto a preocupaciones acerca de la vida y la tecnología, y donde las imágenes electrónicas se intersectan píxeles con las pinceladas y las aplicaciones de pintura en spray fluorescente sobre la superficie tradicional del lienzo, se hace patente una sensibilidad neo barroca. El énfasis en el movimiento y el juego de las diferencias, la dinámica de fuerzas figurada en fenómenos, la abundancia del ánimo y las emociones que identifican a la sensibilidad barroca, son escenificados con una limpieza formal poco común. El virtuosismo técnico, el tratamiento supra-real que lleva al espectador a creer que ve una imagen digital cuando en realidad está frente a una pintura, ratifican esa sensibilidad que gusta de la exacerbación, la sensualidad y la ilusión. Enfrentar la tela es organizar los órganos, prepararlos para un éxtasis visual. Acorde a esta sensibilidad neo-barroca, lo monstruoso, asociado a la metamorfosis, la deformación, la estilización de la realidad y la exageración, se convierten en conjunto en elementos desestabilizadores utilizados en la búsqueda de un límite. Para la artista, ser preciso es ser extravagante.
Estas telas-pantallas – en português la palabra tela se utiliza para designar también a la pantalla, sea ésta de cine, televisión ó del computador – casi sin rasgos de pinceladas ó brochazos simulan las cualidades líquidas de la imagen electromagnética. Algunas de ellas, donde se utilizan colores fluorescentes, aspiran a lograr su propia emisión de luz. Además, este tipo de pigmentos, propios de los empaques de artículos de consumo rápido – detergentes, juguetes, chips- siendo tomados de la caja de herramientas de la publicidad, permiten de nuevo la presencia de la imaginería de la cultura de masas. En contrapunto, en el grupo de pinturas en las que el color negro predomina, las formas tibias y pulsantes resaltan el brillo de superficies que reflejan las temperaturas de tecnologías húmedas.
En conjunto, el tejido dinámico y las imágenes numéricas son convertidas en una red de información, que sintetiza preocupaciones vitales, ambiciones científicas y resonancias visuales.

Afecto y sensorialidad.
En la tradición del mejor arte brasileño, el trabajo de Adriana Tabalipa manifiesta una expresa predilección por el color, las formas orgánicas y las constantes referencias a la presencia del cuerpo. Sus dibujos, que tienden a escapar los límites bidimensionales del papel en la pared para invadir los espacios en los que la artista interviene, envuelven al espectador invitándole a participar físicamente dentro y en la obra. Con elementos de la plástica tradicional –tinta china, papel- y de “baja tecnología”  -bolsas plásticas, cintas- la artista crea estos espacios sensoriales, que parodian quizá las ambiciones inmersivas del entretenimiento y los medios electrónicos. Y es que su obra, que se apoya en la búsqueda de la experiencia suprasensorial, propuesta por Helio Oiticica en el decenio de 1960, expresa  una preocupación por el lugar de la tecnología en la vida cotidiana. Las figuras de sus dibujos, surgen sinuosas en los planos arquitectónicos que le sirven como estructura,  y extienden sus líneas –y por ende, sus cuerpos- fuera del papel a través de materiales de fabricación industrial, y en concreto, de los derivados del petróleo. Al utilizar un material tan común y de tan poco “peso” como la bolsa plástica, la artista está haciendo un señalamiento muy preciso a cerca de las condiciones de vida en nuestro tiempo. La bolsa  no es solo una metáfora sobre problemas ecológicos acuciantes –las guerras del petróleo, la falta de programas de reciclaje- sino que también es un objeto que se relaciona con todas esas tareas de la vida diaria que pasan desapercibidas y que no son reconocidas ó valoradas socialmente pues pertenecen al ámbito de los hábitos y las rutinas cotidianas.  Estas tareas menores, a menudo están insertas en las demandas de servicios y cuidados –de alimentación, de limpieza-  y en dinámicas y relacionamientos e intercambios afectivos –el funcionamiento de una familia, de un hogar-. Pertenecen como el lenguaje, a la experiencia de lo común, aquella que existe entre las esferas de lo público y lo privado, y que media entre el individuo y la colectividad. Adriana Tabalipa reivindica de una manera sutil la importancia del trabajo afectivo, celebra las actividades que nos ayudan a la construcción cotidiana del mundo y nos invita a participar sensorialmente, por medio de sus extensiones del cuerpo, de este terreno de mediación, comunicación y participación.   Santiago Rueda Fajardo Curador

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Acerca de santiagorueda

curador independiente, investigador en arte contemporaneo

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